Eduardo G. Maroto – Un peliculero

“Yo no soy cineasta, ni cinemista, ni cinéfilo. Yo soy peliculero” – Eduardo García Maroto.

Poco, muy poco sabemos del cine español de los años anteriores a la Guerra Civil. De hecho, poco sabemos en general del cine español y de la repercusión que tuvieron o hubieran tenido algunos cineastas que se movieron entre aguas y que proporcionaron soplos de aire fresco a la cultura y a la vida de este país.

Es el caso del personaje que nos ocupa en este momento. Eduardo García Maroto, uno de esos trabajadores del cine que crearon un lenguaje diferente, y que sólo salen a la luz gracias a documentales biográficos, ciclos en filmotecas o cineclubs, u homenajes en festivales de cine.

Nacido en Jaén en 1903, comenzó sus pasos en serio en el cine, haciendo de técnico y montador. En Francia, aprende a montar cine sonoro, y vuelve a España, ya que no había muchos técnicos dedicados al tema en esa época en el país. Se dedicó a montar películas de todo tipo, sobre todo en largos de Florián Rey, en su mayoría protagonizados por Imperio Argentina, la gran estrella de la segunda república en España (como Nobleza Baturra), y, mientras tanto, forjaba una prometedora carrera como director de originales y surrealistas parodias hechas con cuatro duros.

Pues sí, ya en 1934, se estrena como director con el corto Una de fieras, caricatura de las películas de aventuras y exploradores en África. Comenzaría también su estupenda relación con el Gran Miguel Mihura, genio escritor de humor y maestro del teatro del absurdo español de primera mitad del siglo 20 en España. Aunque en cuestión de taquilla no tenía nada que hacer frente a El Gordo y el Flaco o Charlot, la gente se divertía tanto con estos cortos, que, de vez en cuando, rodaba algún corto de lo que iba a ser la serie “Una de…” (Una de miedo (foto), Y ahora, una de ladrones…).

El tandem Mihura-Maroto funcionaba tan bien, que finalmente en 1936, pudo rodar su primer largo como director La hija del penal, de nuevo una parodia genial y dadaísta de los folletines dramáticos (hoy serían los culebrones).

El argumento era delirante: Una cárcel está a punto de cerrar por falta de presos, así que cuando sólo queda un reo, los funcionarios lo cuidan todo lo que pueden para que viva lo más posible, y así alargar la situación e ir a la calle lo más tarde posible. Cierto sector del público llegó a pensar que la película era realmente un “dramón espantoso”, cuando en realidad era una crítica a los susodichos culebrones y a la sociedad de la época.

Todo iba viento en popa hasta que estalló la Guerra Civil, y Maroto tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos haciendo labores de montaje en documentales de guerra. Se acabó el chollo… la libertad de hacer lo que querían, y el humor absurdo. De esta forma, fue víctima de la censura en sus filmes siguientes.

En 1939, la censura limitó el guión de Los Cuatro Robinsones por pretendidas alusiones religiosas y políticas. Se trataba de una adaptación (la segunda en el cine español) de una comedia de Pedro Muñoz Seca (el autor de La venganza de don Mendo). De nuevo el humor como protagonista en esta astracanada (así le pusieron de nombre al estilo de Muñoz Seca), prima hermana del absurdo. En 1941, quiso realizar un western paródico Oro vil y gracias a la censura la productora le obligó a convertirla en un drama, con lo que el filme perdió todo su sentido e interés, aunque fuera el primer western del cine español. Los efectos especiales eran muy rústicos y ni siquiera los caballos daban el pego, elementos útiles todos para parodia, pero no para drama.

En 1943 recuperó el prestigio ante el público y la crítica dirigiendo “una de” folklóricas, pero ya no en parodia, claro, ya que el de cantaoras era el estilo dominante. El título, Canelita en rama, con Juanita Reina, que arrasó en taquilla, si bien era bastante atípica, como todo el cine de Maroto, y adoptó la forma de comedia musical, más cerca de la alta comedia que del “arsa y olé”.

En el 44, se subió al carro de la comedia “de lujo”, con Mi fantástica esposa, que sin embargo conservaba algo de la tradición absurdista anterior a la guerra, como también lo hizo en el 46 con el estilo de capa y espada con La mantilla de Beatriz (rodada en Portugal) y en el 55 con su última gran parodia surrealista Tres eran Tres, compuesto de 4 cortos, de la que formaría parte los guiones que nunca pudo llevar a cabo de “Una de…”: Una de monstruos, Una de indios, lo que debío ser Oro vil, y, metiéndose con la imagen de la españa de charanga y pandereta, Una de pandereta”. La censura había aflojado un poco en un principio y pudo rodarla, aunque luego la misma censura la capó. Además el público no reaccionó como lo había hecho antes con los anteriores “Una de…”, quizá porque veían el tema paródico un poco repetido.

En los años 50 surgió la iniciativa por parte de un grupo de gente de cine de distinta procedencia e ideas, entre los que estaban Maroto y Fernando Fernán Gómez, de crear la llamada “Cooperativa del cinema de Madrid”. Intentaron granjearse la confianza del régimen rodando una película titulada Truhanes de honor, que, a pesar de haber sido una idea discutida dentro de la misma cooperativa por ser un film dedicado a la Legión, el régimen no lo vio con buenos ojos, por tratar con demasiada ligereza al cuerpo (ni siquiera les gustó el título, porque la Legión eran “Caballeros” y nunca “Truhanes”…). Así que la Cooperativa no tuvo mucho futuro.

En el año 59, cuando Maroto estaba a punto de abandonar el cine definitivamente, dirige Aventuras de Don Quijote, un film didáctico sobre el personaje cervantino.

Y entonces llegaron los americanos a España. Este era un país muy goloso para rodar, barato, variedad de paisajes y localizaciones, todo el mundo dispuesto a colaborar, y, particularmente, porque podían contar con equipos de profesionales competentes por poco dinero. Maroto ya había trabajado en el rodaje de Alejandro el grande, de Robert Rossen en el 56, pero a partir del 59 se convirtió en Production Manager de King Vidor en el rodaje de Salomón y la reina de Saba, rodaje accidentado, problemático y casi maldito (Tyrone Power murió al poco de empezar y tuvo que ser sustituido por Yul Brynner). Su habilidad para capear el temporal se atrajo la confianza de directores como Stanley Kramer (Orgullo y pasión), Jack Cardiff (Esencia de misterio, la primera película con olor), Mark Robson (El coronel Von Ryan, durante cuyo rodaje la policía de Málaga detuvo a Frank Sinatra y tuvo que salir bajo fianza), o Stanley Kubrick (que contó con el para el complicado rodaje de Espartaco). Desafortunadamente, ya no podía dar rienda suelta a su creatividad, pero se ganó una buena reputación en Hollywood. El último film americano para el que trabajó fue Patton, de Franklin J. Schaffner.

Finalmente se acabó el filón de los rodajes en España y con ellos, la carrera de Maroto en el cine. Murió en 1989 con el proyecto de escribir unas memorias tituladas Memorias de un peliculero, que no llegó a publicar, pero de las que Javier Caballero y Luis Mamerto López-Tapia, tomaron el título para el documental que rodaron en 2004 sobre su vida.

Actualmente podemos ver sus películas en un ciclo que está programando la Filmoteca de Andalucía en Córdoba y el documental sobre su vida y obra en la dirección nombrada en las direcciones de internet adjuntas a continuación. Que yo conozca, no se ha editado en DVD ninguna de sus películas como director.

Artículos

El País – Sobre el estreno del documental Memorias de un peliculero – 2005
El País – Sobre el homenaje de la Filmoteca Nacional a Maroto de 1982

Biografías, filmografías y fichas

Eduardo García Maroto en Imdb
Aire (asociación educativa) – Biografía de Eduardo García Maroto
Miguel Mihura en El Cultural
Daniel Montorio (músico de las películas de García Maroto) en la enciclopedia aragonesa

Sobre el documental Memorias de un peliculero

Documental Memorias de un peliculero en streaming
Dossier de prensa en Flash del documental

Fuentes para datos sobre películas españolas de los 30 a los 60
Blog La pantalla franquista en WordPress
Blog Cinemateca nacional

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~ por kipho en 8 octubre 2008.

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