No voy a entrar en discusiones sobre si la película es mejor o peor que No es país para viejos, porque obviamente no le llega a la altura del zapato. Pero no se puede negar que el genio Coen sobrevive incluso en los terrenos más abruptos. Y por lo que parece no volveremos a ver un thriller (¿puro?) de los Coen en un tiempo, porque las 4 películas que tienen en preparación son todo comedias.
Tengo la impresión de que los Coen van alternando entre sus películas hechas “en serio” y las hechas para pasar el rato, cosa que ya hacen otros grandes cineastas como Francis Ford Coppola (nada que ver el Dracula con Jack). Y está claro que Quemar después de leer es uno de esos entretenimientos semisurrealistas que los Coen disfrutan haciendo con los colegas y que tanto disgustan a los admiradores de Sangre fácil, Fargo, Barton Fink o No es país para viejos, porque dicen que pierde su esencia. Pero está claro también que no se puede ser igualmente genial en todas y cada una de las cosas que haces.
Estamos de acuerdo en que no es la mejor película de los Coen, ni mucho menos, pero no sería lógico ni justo decir que los Coen se han perdido. Están ahí, míralos, agazapados…
En el dibujo de sus personajes: perdedores, torpes, inútiles, auténticos pringados fantasiosos en busca de algo que les haga cambiar sus vida y salir del pozo en que se encuentran (piensa en prácticamente cualquiera de sus películas y seguro que encuentras más de uno). Geniales sobre todo Frances McDormand (como siempre) y Brad Pitt, ella como Linda, una cuarentona solterona que quiere operarse para cambiar de imagen para encontrar a alguien; él como Chad, su comparsa, un locuelo monitor de gimnasia metido a chantajista por casualidad. Frances McDormand, esposa de Joel Coen y excelente actriz, traza un personaje que parece una caricatura trasladada al mundo “real” de las actrices de Hollywood de su edad, que, a partir de los cuarenta son rechazadas por la industria y se ven casi obligadas a recurrir a San Botox y Santa Cirugía para mantenerse jóvenes y trabajando, ocultando en realidad una inseguridad tremenda. Por su parte, Brad Pitt, de carrera cinematográfica irregular, se encuentra ahora en un momento en el que prefiere divertirse haciendo películas que buscar papeles serios, y se mete en la piel de un cabeza hueca manejado por Linda para meterse en una trama imposible de espías y chantaje (impagable ese tupé casi a lo Johnny Suede). En cuanto a los demás, todos los actores parecen dar la vuelta a sus personajes habituales:
Clooney explota su vis cómica haciendo por tercera vez de pringado en un film de los Coen (de guaperas deportista a paranoico desesperado), Malkovich saca su lado histriónico como ex-agente de la CIA que es degradado (de tipo elegante y serio a histérico alcohólico), Tilda Swinton se pasa acertadamente a la comedia con un personaje frío y calculador (de dama del teatro a médico sin escrúpulos), J.K. Simmons (el jefe de The Closer) hace uno de los papeles más divertidos del filme como superior de la CIA (de jefe serio a jefe que pasa de todo), y finalmente el genial Richard Jenkins (el padre de A dos metros bajo tierra) es un jefe poquita cosa secretamente enamorado de Linda (de jefe tímido a intento de héroe salvador).
Los Coen también están en el argumento, burla del mundo de los espías, caricatura de la CIA, que no deja de nuevo de humanizar un grupo cerrado, como en Muerte entre las flores (las mafias), Barton Fink (Hollywood)… Personajes tradicionalmente duros y cerrados muestran su cara más humana, patalean, se irritan, meten la pata, como todos.
Encontramos también a los directores en la fotografía (a pesar del nuevo director de fotografía, Emmanuel Lubezki) y el diseño de producción (Jess Gonchor repite después de No es país para viejos), medio de experimentación en gran parte de sus películas (El hombre que nunca estuvo allí usaba el blanco y negro del cine negro de los 40, Sangre fácil usaba el look de los telefilmes de los 80, Barton Fink se acercaba más al look glamuroso y refinado de Chinatown…). Esta vez se busca el color grisáceo de la televisión americana de los 60, cuando JFK fue asesinado y la CIA estaba en su apogeo, con la guerra fría al frente. De hecho se hace directamente una alusión a este tema cuando a la protagonista no se le ocurre otra cosa que contactar con el servicio secreto ruso, edificio gris, habitaciones de madera, pasillos de piedra y hormigón, espías herméticos… en fin, toda la parafernalia estilo guerra fría.
Y en la música también están los Coen, de nuevo encargada a Carter Burwell, habitual en su cine, esta vez experimentando con sonidos rotundos y sólidos en lugar del lirismo épico de las músicas de otros filmes como Fargo o Muerte entre las flores.
Finalmente, el género, mezcla de comedia negra y thriller-cine negro, podríamos decir que es el principal género que tratan los Coen, dosificando la comedia, el thriller y lo negro según el argumento que toque tratar. En este caso, la comedia no es desternillante, el thriller no es extremo y lo negro está presente, pero mucho más edulcorado que en otras películas de los Coen.
Por lo tanto, no esperes cohetes ni fanfarrias. La inteligencia es relativa dice la publicidad y, si eres relativamente ingeligente y te gustan los Coen (una cosa no excluye la otra), esta película no es para nada para quemar después de ver, no es nada más y Nada Menos que otra de los Coen.
Enlaces útiles:
Página oficial de Quemar después de leer (es)
Página oficial de Burn after reading (en)
Página de Quemar después de leer en Imdb (en)
Ethan y Joel Coen en wikipedia (es)
Joel Coen en Imdb (en)
Ethan Coen en Imdb (en)
Carter Burwell en Imdb (en)
Carter Burwell – Página oficial (en)
